En una de esas intrusiones que los blancos hicieron a nuestros territorios de Jaguares, se recuerda entre tantas de ellas, aquella en la a caballo un puñado de blancos armados con mosquetes en plena noche de luna se acercaron a la Campiña.
El egilda estaba desolado, los Indios acostumbran dormir temprano, sin embargo un pequeño grupo se había quedado en la esquina de un Bar (si es que se puede decir de esa forma)
En su momento los Blancos acabaron con cuanto indio se cruzara en su camino, uno logró escapar para dar la voz de alerta al resto de sus compañeros, a lo lejos vieron venir los caballos con antorchas que en lugar de fuego parecian demonios cabalgando a tomar las vidas de los ingenuos.
Cerraron la portezuela de la taberna, una estructura tosca de madera muy gruesa, quedando fuera uno de sus invitados, a este llegó su igual herido de gravedad diciendo vienes los amos, no se que les ha pasado pero dicen que vienen a castigar a aquel que ha osado tomar una joya de la casa de Don Juan, que este día celebrando los quince años de su Hija Eleonor y presentarla en sociedad, algún Indio mal agradecido ha cometido la impertinencia de robar la joya que su padre le ha brindado para tal oportunidad. No descansará hasta atrapar al Indio que ha obrado mal, no puedo respirar, alejate amigo mío del lugar si la vida quieres conservar....
El indio cayó al suelo ya sin respirar, el invitado de nombre Izquicar nada pudo hacer, la herida en su costado era de gravedad.
Izquicar subió al techo de la taberna, viendo venir hacia si la jauria de blancos, los cascos de sus caballos rechinan en la polvareda, todas las chozas de los indios estan cerradas, Don Juan da instrucciones a sus amigos que las antorchan lancen contrato todo lugar, se incendian con la poca paja del techo y las pocas varas de bahareque que sirven de pared con las rutinarias varas que sirven de entrada, son faciles de quemar, las llamas avanzan con gran facilidad.
Izquicar vió con llanto, como de algunas chozas mas de algun plebeyo, mujeres o niños intentaron salir del lugar, pero los blancos los volvían a su hogar para verlos quemar.
Nada quedó del lugar, del pequeño cantón solo se logra vislumbrar cenizas donde estan las chozas de los Indios, solo Izquicar salio vivo de ese lugar. Tomo su tecomate, lo puso en su hombre y partió a tierras lejanas para no regresar, el llanto en su mirada, sus manos temblorosas por la impotencia de no poder ayudar.....
Hasta hoy, no es posible, no hay nada que hacer, los blancos son dueños de todo lugar, incluso una gallina es mas valiosa que la vida de indio, es hora de partir, aqui la vida se puedir si Izquicar se queda incluso a dormir.
Las matanzas, los atropeyos siguen siendo parte de la vida normal de cualquier Indio.....No queda ya casi nada de esa raza encantadora, nos han quitado todo, nuestra religión, nuestros dioses, nuestras tierras, nuestros hijos y nuestras mujeres, incluso nuestra dignidad, pero llegará el día en que esta raza se levantará y volverá a resplandecer como en los tiempos de Atlcatl y Caupolican... hoy les extrañamos.
La invasión a esta campiña solo es una mas de tantas, pero Ohhhh Dios de nuestros ancestros, Soy Izquicar si en verdad existen y tienen a bien respaldar a nosotros vencidos y desdichados de este lugar, enviad a nuestro Guía, aquel que algun día nos gobierne como personas de una misma tribu y no como esclavos escoria de este solar.
Escuchar mi petición, enviarnos a ese que Desciende del Cielo a nuestro Principe que venga a gobernar y recuperar la dignidad de esta raza en un tiempo gloriosa.