sábado, 20 de noviembre de 2010

El Último Principe Maya - Resumen

Esta es la Historia de Ilhuitemoc - El que Desciende del Cielo, nuestro Último Principe Maya.

Nacido de Padre Blanco y Madre Ladina, durante mucho tiempo no conoció su destino, ahora se prepara para dirigir los caminos de aquellos a quienes ha venido a comandar ahora como en una de las tantas guerras de sus antepasados, una guerra con armas diferentes, las del pensamiento, que sus iguales no saben utilizar, una nueva guerra igual o peor de sangrienta que las de sus ancestros, hoy cual Atlas lleva sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir a su pueblo y encausar los cambios necesarios para que su tribu sea respetada.

Ilhuitemoc - El que desciende del Cielo, descendiente de Dioses, nuestro Último Principe Maya, no parece Indio. Sus cabellos son amarillos como los rayos del sol, su color es blanco como la leche, sus facciones como las de su padre son las de un Blanco, quizá lo único que lo diferencia de esa raza conquistadora es su complexión física es mas bajo de lo normal aunque mas alto que un indio y su cuerpo no refleja la altanería de esa raza, por lo demas es un blanco y como tal ha sido criado, su padre se ha encargado de eso.

Al principio no era bien visto por su padre, pero con el tiempo al ver a su pequeño tan parecido a él comprendio que no era un Indio, sino un mestizo a mucha honrra para él, pues no podría tratar como igual a un Hijo que pareciera Indio y tendría que esclavisarlo como a los demas de su raza, sin embargo no fue ese su destino, sino mas bien, fue criado bajo la sombra de su padre, con todos los beneficios que da ser blanco, sin trabajos forzados, con educación de primera, en los mejores colegios y universidades, nunca se le forzó a hacer algo que no quisiera. El lazo entre padre e hijo se fortaleció de tal forma que uno daría la vida por el otro y más aún, su padre un Blanco ahora protector de Indios y de las causas sociales que agobian a esa raza en un tiempo despreciada y que ahora intenta ayudar.

La infancia de nuestro Último Principe Maya ha sido esplendorosa, en las Fincas y Haciendas de su padre, ha sido siempre respetado, muchos saben que es un mestizo pero nadie puede hablar de ello, no importa que su madre sea una Ladina, su Padre es un Blanco, el Patrón, el Amo, y como tal, nadie puede replicar una orden y todos conocen del amor que le tiene a su Hijo, así que nadie se atreve siquiera a mirarle directo a los ojos que sería una ofensa a su Padre y le costaría a cualquiera que osara tremenda falta por lo menos la comida o la vida.

En sus primeros años no ha estado lleno de grandezas o lujos, su padre no lo ha querido así, en parte porque siempre recuerda que es un Indio y por otro lado por la ley impuesta de su Padre "En la vida todo se gana", una lección que le acompañará por el resto de su vida, otra razón porque su padre sabe muy bien que ante los indios este chico es su Hijo, pero ante otros Blancos este chico solo será un pobre diablo, un mestizo como todos los demas, por ello debe aprender a ganarse la vida. Esta época la vivió en el pueblo, sus amigos mestizos en su mayoría no hacían muchas distinciones, aunque sí despreciaban a los indios.

A finales de su infancia conoció a su Tía, prima de su madre, muy unidas no solo por la afinidad de su sangre sino también por sus costumbres, así nuestro infante Ilhuitemoc conoció más de cerca de donde provenía, qué era ese coraje que guardaba su corazón, indómito y a ratos pendenciero. Sus amigos muchos mas altos que él no sabían como era posible que un chico tan frágil en su físico los dominara incluso a puño limpio, tenía una agilidad por ratos asombrosa pero también no se aprovechaba de esa situación, por el contrario muchos pedian su consejo y solicitaban que arreglase sus disputas de juegos como si hera válido un gol, un saque, un córner, desde pequeño era un líder y se ganaba el respeto de los demás.

Esa amistad cercana de su madre con su tía le permitió acercarce a las plantaciones, fincas y haciendas de su padre, así tambien sostuvo una estrecha relación con las dificultades de los Indios y también con sus deleites, encontró fascinación por la música, el baile y el corazón aventurero del Indio,

Sus años de Juventud estuvieron llenos de muchas alegrías, un Blanco jamás pasa penurias, no conoce el trabajo, el hambre, la sed, el sol, la gruesa cáscara del caite en sus pies si es que los tiene, lo pesado del sudor del trabajo forzado cuando se tiene fiebre, el azote de un capataz, el grito de una cocinera regordeta tirando tortillas a sus iguales.

Continuación....

En esa juventud se dió cuenta que no era un Blanco, también que su madre era Ladina, tomó a bien ser de sangre India en gran parte por el acercamiento a su Tía y por haber conocido a sus primos, y por ese aprecio le tomo amor a la sangre, sin guardar repudio a su otra mitad, la conquistadora.

Su Primo, mayormente Indio, un meztiso completo, de aspecto muy moreno, se convirtión en su mejor amigo, su hermano, su compañero de parrandas y cómplice de conquistas.

Tambien se percató que para los demás blancos no sería el Hijo del Amo sino un mestizo, razón por la que tendría que trabajar mas que los demás y ser mejor que los demás para habrirse espacio en ese mundo muy hostil.

Su carácter se fortaleció con los pocos trabajos forzados que él mismo se obligaba a hacer, a la par de su Hermano como cariñosamente se trataban con su primo. Eso fue de gran ayuda para levantar su coraje, su autoestima, para comprender las penas por las que pasa un Indio penas de todo tipo como la negación a la educación, al trabajo, a cargos que no sean de azote, al buen trato, aprendió que no existe diferencia entre las razas salvo el desprecio que los Blancos sientes por los Indios y el odio ancestral de los Indios hacia los Blancos.

Esa fortaleza de carácter es bien vista por todos, su entusiamo para emprender cualquier proyecto es la envida de muchos, tanto en la Universidad como en sus trabajos, es bien visto y bien tratado por todos los Blancos, muchos le presionan u ofrecen a sus hijas en matrimonio, hacen ofrecimientos de empresas, haciendas y toda clase de arreglos económicos que le llevarían a una gran clase social, pero ninguna oferta es válida sino incluye el amor.

Nuestro Último Principe Maya, como todo Indio priva en su corazón tener el Amor antes que cualquier riqueza, muchos lo consideran loco por no aceptar grandes propuestas, otros lo consideran estúpido por despreciar a las Hijas de algunos Blancos muy respetados tanto que hasta han temido por su vida, pues ese tipo de desprecios no se hacen en vida.

Enamoradizo como ninguno, Ilhuitemoc habla como un Indio y no existe chica bonita que pueda resistirse a las tentaciones de un alma sincera, noble, audaz y a su vez pendenciera, aventurera, es detallista que saca versos hasta de los caminos, no digamos de los ojos y cristalinos cabellos de sus enamradas.

Todo sin exceder lo que hasta sus propios límites le es permitido, no puede dejar su sangre dispersa, pues eso sería una deshonra para su pueblo, no puede engañar ni mentir, porque un noble guerrero descendiente de Dioses no debe manchar sus labios con injurias.

Pero llegará el día en que encuentre la Mujer indicada por los Dioses, una Princesa Digna de Último Principe Maya.

En su edad adulta, esa en la que se encuentra, se ha dado cuenta de su gran responsabilidad, no se trata solo de cuidar a su madre y padre en su vejez, a sus hermanas con todo el resto de su familia, su responsabilidad es mucho mayor, es con toda esa raza a la cual debe procurar brindar ayuda para que puedan resurgir como la raza indómita que siempre fue.

Hoy se prepara para luchar con el Poder Político para hacer valer los derechos de su gente, con el Poder Económico para procurar brindar a su tribu las oportunidades negadas desde su conquista.

Se enfrenta a una gran labor, pero para eso ha sido enviado por los Dioses, para dirigir a su raza en estos nuevstos tiempos, ya olvidadas las conquistas pero no las insjusticias.

Estas son las Aventuras de Huiltemoc el que desciende del cielo, nuestro Último Principe Maya.

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